El 1 de octubre, nuestro aniversario, es un día de mucha reflexión y profunda meditación sobre el rol del periodismo ante la sociedad y el país. Una tarea a veces incomprendida que, desde mi punto de vista, debe estar ceñida a los códigos de ética de nuestro colegio profesional, resumidos en la frase: «Libertad para la verdad y responsabilidad en la expresión».
Decía «RACSO» —don Aurelio Miró Quesada, exdirector de El Comercio— que el periodismo puede ser «la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios». ¡Cuánta razón tenía! Ese legado cobra hoy más vigencia que nunca.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN: ANTE TODO
El periodismo, ejercido dentro del marco de la ley y la ética profesional, no debe practicarse para caerle bien a nadie. Los delitos en todos los niveles, los actos de corrupción, el mal manejo presupuestal y las acciones gubernamentales reñidas con el Estado de derecho, entre otros hechos, han sido puestos en conocimiento de la población, con raras excepciones, gracias a los medios de comunicación.
Si queremos recordar días especiales como este, tenemos que hacerlo sobre la base de la unidad y los principios de nuestra profesión. Los periodistas tenemos nuestras propias tendencias y diferentes maneras de ver las cosas, pero coincidimos en la defensa de nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión.

