– Un homenaje a nuestra patria desde la experiencia de recorrerla y servirla.
Por Dr. Washington Zeballos Gámez Docente principal de la UNJBG.
Hay quienes conocen el Perú por los libros, por las noticias y muchos por los mapas. Yo tuve el privilegio de conocerlo caminando sus calles, recorriendo sus caminos, navegando algunos de sus ríos, cruzando sus montañas y conversando con su gente. Ese privilegio ha sido, sin duda, uno de los mayores regalos que me ha dado la vida. Hoy, cuando celebramos un nuevo aniversario patrio, miro hacia atrás con inmensa gratitud y descubro que el mayor patrimonio que poseo no son las cosas materiales sino los re- cuerdos que guardo de cada rincón de nuestra maravillosa nación.
He tenido la fortuna de conocer las veintiséis regiones que conforman nuestro territorio nacional. Cada una posee una identidad propia, una historia que contar, una cultura que admirar y hombres y mujeres que desde el anonimato trabajan cada día para hacer del Perú un país mejor. Pero Dios quiso regalarme una experiencia aún más enriquecedora: servir profesionalmente en ocho de esas regiones. Trabajar en Madre de Dios, Huancavelica, Apurímac, Lima, Lima Provincias, Arequipa, Moquegua y Tacna no solo significó ejercer una profesión. Significó aprender nuevas formas de pensar, comprender diferentes realidades sociales, valorar otras costumbres v descubrir que detrás de nuestras diferencias geográficas, culturales o económicas existe un mismo sentimiento que nos une: el orgullo de ser peruanos.
En cada institución donde trabajé encontré personas comprometidas con el desarrollo de su región. Conocí profesionales ejemplares, servidores públicos honestos, emprendedores valientes, agricultores, maestros, estudiantes y ciudadanos que, muchas veces sin reconocimiento alguno, construyen diariamente el Perú desde sus propias comunidades. Ellos me
enseñaron que nuestro país no se sostiene únicamente por las grandes decisiones que se toman en Lima sino también por el esfuerzo silencioso de millones de peruanos que madrugan para trabajar, producir, estudiar, emprender y sacar adelante a sus familias. Conocer el Perú me permitió comprender algo que ningún libro puede enseñar completamente: el Perú no es un territorio, es una inmensa comunidad humana. Somos uno de los países con mayor diversidad biológica del planeta, poseemos una riqueza cultural incomparable, hablamos diversas lenguas originarias, convivimos entre desiertos, montañas, valles, lagos, glaciares y la selva amazónica. Esa diversidad no debería dividirnos; por el contrario, constituye nuestra mayor fortaleza como nación.
Por eso deseo dirigirme especialmente a los jóvenes. Si algún día tienen la oportunidad de viajar por nuestro país, háganlo:
– Recorran sus pueblos.
– Conversen con su gente.
– Escuchen sus historias
– Prueben su gastronomía
– Conozcan sus tradiciones
– Caminen por sus calles
Solo quien conoce verdaderamente el Perú puede comprender porque vale la pena luchar por él:
– Nuestro país necesita jóvenes preparados, pero también profundamente enamorados de su tierra.
– Necesita profesionales competentes, pero igualmente ciudadanos honestos.
– Necesita innovación, pero sin perder nuestras raíces.
– Necesita progreso económico, acompañado siempre de solidaridad, respeto y sentido de pertenencia.
Hoy más que nunca debemos dejar de hablar del Perú como si solo fuera un problema y empezar a reconocerlo como una extraordinaria oportunidad. La gran posibilidad de la que nos hablara Jorge Basadre
Después de haber recorrido las veintiséis regiones del país y de haber trabajado en ocho de ellas, puedo decir con absoluta convicción que el Perú posee todo lo necesario para convertirse en una gran nación:
– Tiene recursos.
-Tiene talento.
-Tiene historia.
– Tiene cultura.
-Tiene diversidad.
Y, sobre todo, tiene millones de hombres y mujeres que jamás dejan de creer en un futuro mejor.
En estas Fiestas Patrias no solo celebremos nuestra independencia. Celebremos también nuestra capacidad para levantamos después de cada dificultad, nuestra creatividad para salir adelante y nuestra permanente esperanza de construir un país más justo, más desarrollado y más unido. Que nunca perdamos el orgullo de decir con emoción «soy peruano». No solamente porque nací en esta tierra bendita sino porque he tenido el inmenso privilegio de conocerla, servirla y enamorarme cada día más de ella. ¡Feliz 28 de julio! ¡Viva el Perú! Conocer el Perú fue un privilegio; servir a sus regiones, un honor; amar a la patria, un compromiso para toda la vida.
Fuente: Diario Sin Fronteras

