– Inestabilidad política puede frenar inversiones, dañar la imagen del país y elevar el riesgo país.
Por Roice Zeballos Rivadeneyra.
Amanecimos con nuevo presidente. Ahora, ¿qué será del Perú? Esperemos que el señor José Jerí —hasta ayer presidente del Congreso y hoy jefe de Estado— marque un rumbo distinto… y que el remedio no resulte peor que la enfermedad.
No se puede dejar de lado que este Congreso, el mismo que vacó a la expresidenta Dina Boluarte, tiene apenas 5 % de aprobación. Estamos ante una coyuntura muy difícil. Algunos celebran la vacancia de Boluarte como un triunfo político o de revancha, pero hay que mirar más allá: lo que está en juego es el destino del país.
Faltan siete meses para las elecciones generales de abril de 2026 y al presidente Jerí le corresponden nueve meses de mandato de transición, hasta el 28 de julio de 2026. El primer gran desafío no es interno, sino externo: ¿cómo nos ven en el mundo? ¿Qué imagen proyectamos con tantos presidentes presos, vacados o investigados? ¿Son saludables para la economía y la inversión estos cambios bruscos y sobresaltos políticos?
La pregunta es directa: ¿será capaz el presidente Jerí, nuevo inquilino de Palacio por nueve meses, junto a este Congreso tan desacreditado, de conducir una transición constitucional tranquila y garantizar elecciones libres, democráticas y transparentes en abril de 2026? ¿Lo hará en mejores condiciones que las que teníamos con la expresidenta Boluarte?
Y viene la pregunta de cajón: “Muerta la reina, puesto el rey”… ¿será capaz Jerí de tomar acciones inmediatas frente al problema número uno del país, la inseguridad ciudadana? Ese fue, sin duda, el detonante principal de la vacancia. Hace apenas 48 horas, una balacera durante el concierto de Agua Marina dejó cuatro heridos. Ese hecho fue la gota que rebalsó el vaso ante la inacción del gobierno saliente.
Pasando la página y mirando hacia adelante, queda por ver si el presidente Jerí tendrá un plan inmediato y firme para enfrentar la ola de asaltos, sicariato, extorsiones y balaceras que azotan al país. En paralelo, preocupa la economía: hasta hoy se mostró estable, pero ¿qué pasará ahora con el tipo de cambio, las inversiones, la inflación y el riesgo país? ¿Cómo nos observarán desde el extranjero?
A todo esto se suma el ruido político de una campaña electoral que ya empezó con violencia. Basta recordar lo que ocurrió en Puno, donde casi lincharon al candidato Phillip Butters. Mientras se recompone o conforma el nuevo gabinete ministerial y el país se reacomoda, queda esperar que el ruido no golpee más de la cuenta y que, en este “río revuelto”, no aparezcan pescadores oportunistas buscando ventaja.
Lo reiteramos: que el remedio no resulte peor que la enfermedad. El tiempo lo dirá. Desde hoy, empezamos a escribir una nueva historia.

