Por Ricardo Oviedo Zavala.
Tacna necesita, con urgencia, una cartera de proyectos concretos que permita cimentar su desarrollo y definir el rumbo que debe seguir durante las próximas décadas. No se trata de una propuesta nueva ni de una aspiración imposible. Hace casi treinta años hubo un intento serio por construir una visión integral de futuro tal como fue el denominado Plan Concerta.
En su elaboración participaron instituciones públicas, la academia y representantes de diferentes sectores de la sociedad civil. Fue un esfuerzo colectivo que buscaba identificar las grandes necesidades de Tacna y establecer proyectos capaces de transformar su estructura económica, urbana y social. Sin embargo, el plan fue atacado y finalmente desechado por sectores radicales agrupados en el denominado Frente Patriótico, cuya principal objeción parecía ser que la iniciativa había surgido durante el gobierno de Alberto Fujimori. ¿Presentaron quienes lo cuestionaron un plan alternativo? No. Lo destruyeron, pero no ofrecieron una propuesta que lo reemplazara.
A comienzos de la década del 2000, durante el primer gobierno regional, se retomó lo avanzado y se construyó el Plan Basadre. El documento recogía proyectos considerados fundamentales para el desarrollo regional, con una inversión que bordeaba los 2,000 millones de soles. Nuevamente, la planificación parecía recuperar el lugar que nunca debió perder. Pero llegó el segundo gobierno regional, también vinculado a posiciones radicales y obstruccionistas, y el Plan Basadre terminó en el archivo. ¿Se elaboró otro plan integral para sustituirlo? Tampoco.
Desde entonces, los gobiernos regionales y municipales han administrado importantes recursos provenientes del canon minero, pero sin una visión articulada de largo plazo. Se privilegió la obra inmediata, muchas veces de escaso impacto regional, mientras se postergaron proyectos estratégicos. El resultado está a la vista: obras paralizadas o inconclusas, presupuestos cuestionados, deficiente fiscalización, crecimiento urbano desordenado y oportunidades perdidas. Incluso la posición geopolítica de Tacna, ubicada en una zona estratégica de la frontera sur y frente a importantes corredores comerciales, ha quedado relegada.
El problema fundamental es la falta de planificación. Tacna no necesita otra administración que simplemente ejecute obras aisladas; necesita un proyecto de región.
Salvo contadas excepciones, los candidatos al Gobierno Regional y a las municipalidades que participan en estas elecciones han hablado poco o nada de esta necesidad. No se conoce una propuesta integral que establezca qué debe hacerse en los próximos diez o veinte años, con prioridades, presupuesto, cronograma y mecanismos de seguimiento.
Una gestión puede iniciar ese camino y las siguientes deben estar obligadas políticamente a continuarlo. De lo contrario, cada autoridad seguirá empezando de cero, cambiando prioridades y desperdiciando recursos.
Ese es precisamente el peligro que enfrenta Tacna: que las próximas autoridades sean más de lo mismo. Mucha obra dispersa, poca visión y ningún rumbo compartido. Hay que elegir a los profesionales correctos para que administren con visión de futuro tanto el gobierno regional como las municipalidades en los próximos cuatro años.

