Por Francisco Ugarteche.
Existe una “narrativa” que busca relativizar los actos de terrorismo cometidos luego de la caída del gobierno de Pedro Castillo, con lo que se buscó restituirlo en la presidencia tras el fallido golpe de Estado.
Y está involucrado el cardenal Carlos Castillo, quien se refirió a ellos, en la homilía de fiestas patrias, como víctimas de la inseguridad en las protestas sociales.
No Castillo, Cardenal, no fueron víctimas de nada, fueron terroristas abatidos en atentados calificados asì por la Naciones Unidas y el mundo entero.
Fueron mas de 30 locales públicos y privados atacados en forma simultánea en algunas ciudades del sur del país, como parte de un plan terrorista de Sendero Luminoso que bajo el ropaje de nuevas etiquetas, como Movadef, azuzaron a pobladores principalmente jóvenes, quiero creer tentados por la aventura propia de su edad.
Atacaron y destruyeron comisarías, locales del poder judicial y del ministerio público además de aeropuertos. Causaron graves destrozos por montos incalculables debido a que en algunos casos se trató de material insustituible, archivos centrales.
También causaron daños a empresas financieras y bancarias, asì como terminales de transporte terrestre, empresas agroexportadoras y bloqueo de carreteras.
Ahora se les pretende presentar, cardenal Castillo, como víctimas, después de haber disparado contra policías y militares a quienes el Estado les proporciona armas para combatir el delito y defender esas instalaciones.
Que algunos recibieron balazos por la espalda, seguramente, porque estaban huyendo después de haber atacado cobardemente a las fuerzas del orden público. ¿Y qué querían? ¿que los dejen seguir escapando?
Bien ha hecho el ministro de vivienda Mauricio Arnillas al llamar por su nombre al cardenal, mal hace el sacerdote que se inmiscuye en política terrenal y peor quienes desde el pulpito abogan en favor del terrorismo. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, dijo Jesús de Nazaret. El Estado peruano no puede seguir destinando dinero para que lo ataquen desde los templos religiosos.

