Por: Ricardo Oviedo Zavala.
Las inversiones mineras en el Perú se han visto restringidas en los últimos años por una serie de factores. Uno de ellos tiene que ver con ideologías retrógradas que algunas veces son aplicadas por los gobiernos de turno. Sin embargo, hay empresas e instituciones que siguen apostando por el país a pesar de los bamboleos gubernamentales y de la inseguridad ciudadana y jurídica.
El caso de Tía María, proyecto minero que ya se iniciado en sus etapas primarias, es un claro ejemplo. La empresa Southern Perú, después de muchos años de estar salvando una serie de vicisitudes, ejecutará de manera plena este proyecto por agosto o septiembre de este año, según lo ha asegurado Juan Carlos Ortiz, vicepresidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP).
Se trata de una inversión de Southern que sobrepasa los 1800 millones de dólares que generarán miles de empleos directos e indirectos. En la actualidad, unos 600 trabajadores están llevando a cabo los trabajos iniciales y se espera que cuando empiecen las actividades extractivas, el número se incrementará sustancialmente entre trabajadores estables y todos los que estén involucrados en las actividades colaterales inherentes al proyecto.
Las inversiones de cualquier tipo son muy necesarias para el desarrollo del país. Los proyectos mineros, que deberían haberse instalado en buen número en los últimos años, no lo han hecho por las razones que la población conoce y a las que ahora se suma el propio proceso electoral que se avecina.
Ninguna inversión llegará al país mientras no se sepa quién será el próximo presidente y si este facilitará la instalación de sus capitales en el territorio nacional. Tía María y otros proyectos mineros no han llegado recién al país. Llevan años de realizar gestiones que, felizmente, en el caso de este proyecto, han culminando con éxito.
La población no puede permitir que el erario nacional disminuya sus ingresos cuando, por el contrario, y de acuerdo a la situación del país, estos deben incrementarse. Las protestas de un grupo de desadaptados que buscan intereses muy diferentes a los que tienen que ver con temas como el cuidado del medio ambiente, no pueden frenar el desarrollo de su propia jurisdicción y de toda la región.
Esos mismos desadaptados nada dicen sobre el daño que la minería ilegal le hace al Perú. Miles de millones de dólares, en el caso del oro, que sostienen Bolivia y que depredan a departamentos como Puno y Madre de Dios, no es motivo de protesta de los revoltosos, pero sí se oponen a un proyecto que les puede mejorar sus condiciones de vida. La minería ilegal representa un daño económico para el Perú cuatro veces mayor que lo que mueve el narcotráfico.
La empresa Souther Perú tiene otros proyectos más que, de acuerdo a lo manifestado por Energía y Minas, también empezarán a ejecutarse al haberse cumplido con todas las exigencias que demanda la ley.
Así están las cosas.

