– En los cuatro años de gestión de Luis Torres y Pascual Guisa, no hay ninguna obra de trascendencia ni de impacto local o regional.
Por: Jaime Bautista Aquino
Tacna no puede seguir mirando desde “El Mirador” mientras Arequipa hará realidad el puerto de Corío con una inversión de US$ 7,000 millones. Moquegua, el MTC y ENAPU ejecutarán una inversión de S/ 757.3 millones en el puerto de Ilo. ¿Y Tacna? Un mirador.
En el año 2040, cuando el sur del Perú compita por convertirse en el eje logístico más importante de Sudamérica gracias al Corredor Bioceánico, Tacna tendrá algo que mostrarle al mundo: un elegante mirador de concreto, perfectamente iluminado, desde donde los ciudadanos podrán observar —a la distancia— cómo otras regiones crecieron, mientras aquí se inauguraban plazas, monumentos y obras ornamentales disfrazadas de desarrollo.
Mientras las economías modernas construyen puertos, hospitales, represas y corredores de integración, aquí celebramos con bombos y platillos proyectos intrascendentes financiados bajo la modalidad de Obras por Impuestos, una ley cuyo espíritu jamás fue financiar caprichos políticos ni estructuras decorativas.
La Ley de Obras por Impuestos nació para ejecutar obras de impacto regional, proyectos capaces de transformar economías, cerrar brechas históricas y mejorar la vida de cientos de miles de personas. No fue creada para alimentar egos ni campañas adelantadas.
Resulta indignante que, teniendo un techo presupuestal cercano a los S/ 680 millones para emitir Certificados de Inversión Pública Regional y Local (CIPRL), el Gobierno Regional de Tacna desperdicie cerca de S/ 50 millones en obras sin trascendencia estratégica. Tacna tiene prioridades urgentes y abandonadas: un hospital postergado por más de once años, el Puerto Grau convertido en una promesa eterna, el segundo tramo de la carretera Tacna–Collpa–La Paz, que espera conectar al Perú con Bolivia y Brasil, además de represas indispensables para garantizar agua y agricultura en una región que enfrenta un creciente estrés hídrico. Pero nada de eso parece generar suficientes fotografías para las redes sociales.
Lo más preocupante no es solo el despilfarro, sino la absoluta ausencia de una visión de desarrollo. El Gobierno Regional manejará cerca de S/ 4,500 millones en cuatro años y, pese a esa cifra histórica, no existe una sola obra emblemática que pueda redefinir el destino económico de Tacna. No hay un proyecto transformador que articule competitividad, integración internacional, seguridad hídrica o desarrollo productivo. Solo una sucesión de pequeñas obras dispersas, políticamente rentables, pero regionalmente inútiles.
La tragedia no termina allí. También existe una peligrosa normalización del silencio. Los consejeros regionales, llamados a fiscalizar, parecen haberse convertido en espectadores administrativos del gasto público. Y muchos congresistas, elegidos para defender los intereses de Tacna, guardan una prudente distancia frente al despilfarro. Nadie pregunta. Nadie cuestiona. Nadie exige planificación. El control político se ha transformado en un ceremonial burocrático.
Tacna no necesita más cemento ornamental. Necesita liderazgo, planificación y grandeza. Necesita autoridades capaces de entender que las regiones no se desarrollan inaugurando miradores, sino construyendo infraestructura estratégica que genere empleo, competitividad y futuro.
Porque, mientras otras regiones construyen el siglo XXI con obras de impacto, Tacna, con sus autoridades regionales, sigue apostando por obras sin trascendencia ni impacto regional, despilfarrando el dinero de los tacneños.

