Tacna vivió un fin de semana marcado por la emoción y el recogimiento durante las exequias de Fredy Gambetta, no solo destacado gestor cultural, sino el insigne “Cronista de Tacna”, cuya pluma —más que su voz— se convirtió en el vehículo que narró, interpretó y preservó la memoria viva de la Ciudad Heroica. Su partida deja un vacío profundo y una huella imborrable en la identidad regional.
Las ceremonias se desarrollaron casi en su totalidad conforme a lo previsto, con la excepción de la misa de cuerpo presente en la Catedral de Tacna, que finalmente no se realizó.
Desde la tarde del sábado, una multitud de ciudadanos acudió al velorio instalado en la Casa Jurídica, ex Archivo Regional de Tacna, institución que el propio Gambetta dirigió y desde donde impulsó la preservación documental e histórica de la región. El recinto lució completamente lleno, reflejo del cariño y respeto que el Cronista supo ganarse dentro y fuera de Tacna.
Diversas instituciones públicas y privadas, así como amistades cercanas y familiares, hicieron llegar ofrendas florales, coronas de caridad y mensajes de condolencia, en reconocimiento a quien con su pluma fina y comprometida dedicó su vida a contar la historia de su tierra con sensibilidad, rigor y profunda identidad.
El domingo al mediodía, sus restos fueron cargados en hombros desde la Casa Jurídica hasta su vivienda ubicada en la calle 2 de Mayo, donde residió por décadas. En este punto se realizó un homenaje profundamente sentido, en el que vecinos y allegados despidieron no solo a un ciudadano ilustre, sino al hombre que escribió el alma de Tacna en crónicas que hoy forman parte de su memoria colectiva.
Posteriormente, el cortejo fúnebre se trasladó hasta la Casa Basadre, otra de las instituciones que dirigió en vida y desde donde continuó su labor de difusión histórica. Allí se realizó un alto simbólico como muestra de reconocimiento a su legado intelectual y su incansable tarea como narrador de la identidad tacneña.
Finalmente, los restos de Fredy Gambetta fueron conducidos al crematorio de Calana, donde, tras una homilía de cuerpo presente, se procedió a su incineración. De esta manera, Tacna dio el último adiós a su Cronista, al hombre cuya pluma inmortalizó su historia, dejando una huella indeleble que perdurará en la memoria cultural de la región.

