Por Roice Zeballos Rivadeneyra
De lo poco que escuché al nuevo inquilino de Palacio de Gobierno, ahora mandatario, José María Balcázar (83), todo indica que no estaría dando la talla como presidente, debido a su amplio prontuario y a un mensaje desordenado, con poco carácter. Por momentos, pareció estar en un salón de colegio, dictando clases de historia.
La izquierda radical y los caviares deben estar felices, porque reviven a Cerrón, a quien —según esta lectura política— le han entregado en bandeja el Perú, gracias a la complicidad de los partidos AAP de Acuña y Podemos de Luna Gálvez. Incluso han puesto nuevamente en valor al partido “Perú Libre”, que estaba políticamente enterrado. No sería extraño que el expresidente Castillo incluso llegue a obtener un indulto, pese a que Balcázar aseguró que ese tema no está en la agenda de su corto gobierno y que no habrá ni izquierdas ni derechas. ¿Acaso el discurso fue solo para la tribuna?
Otros temas que hoy están en el candelero político son el salvoconducto a Betsy Chávez, refugiada en la embajada de México, y la eventual revisión del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el país azteca.
Por eso, esperemos que el presidente Balcázar tenga la talla de estadista y que el remedio no resulte peor que la enfermedad.
Qué pena por mi Perú: cuatro presidentes en cinco años y ocho mandatarios en igual número de años. Somos el hazmerreír. Un país sometido a una gavilla convenida, con arreglos bajo la mesa de 64 congresistas que dominan la voluntad de 32 millones de peruanos, ejerciendo su poderío y colocando en Palacio a un presidente que pocos conocían, más bien identificado por su amplio prontuario y antecedentes, con 13 carpetas fiscales activas que incluyen presuntos delitos de corrupción de funcionarios y apropiación ilícita, por lo que fue separado como juez del Poder Judicial, entre otros cuestionamientos. Es decir, el Congreso poco vio —o poco le importaron— esas falencias y antecedentes, y volvió a hacer de las suyas.
En suma, el Perú sale golpeado de esto. Nadie puede vernos como un país serio con esta rotación de presidentes, producto de la clase de personajes que están en este cuestionado Congreso. Ellos nos gobiernan, han generado el caos y nos colocan en esta situación de inestabilidad política.
Muchos que recién conocen al presidente Balcázar se preguntan si algo bueno se puede esperar de alguien que además está cuestionado por su Colegio de Abogados en Lambayeque y que se ha mostrado de acuerdo con el matrimonio infantil. La verdad, no parece haber mucho entusiasmo en el Perú por este nuevo presidente, que quizá ni él mismo soñó llegar a Palacio, aunque solo permanecerá hasta el 28 de julio. Sin duda, este presidente de transición tal vez entusiasme a algunos sectores de izquierda o caviares, pero con esa mochila pesada aún no da la talla como presidente. Espero equivocarme.
Voy a orar y prender velas para que el presidente Balcázar no sea igual o peor que sus antecesores y solo conduzca al país a un proceso electoral limpio, democrático y transparente el 12 de abril, como ya adelantó.
Veremos cómo inicia su gobierno desde Palacio y cómo recompone su gabinete. Tiene poco tiempo. Aun así, le damos el beneficio de la duda por algo positivo que mencionó y que es clave en esta coyuntura de inestabilidad: ha remarcado que será vigilante con el tema monetario y que dará todas las garantías y seguridad a los agentes económicos, asegurando que las inversiones están garantizadas en el Perú. Eso se evidenció cuando se reunió con Julio Velarde, presidente del BCR, quien viene realizando un destacado trabajo y lo puso al tanto de la estabilidad económica del país, pese al ruido político, gracias a la Constitución que nos rige. Eso lo sabe bien el pueblo peruano, y es lo que nos distancia de países como Venezuela o Bolivia, que al modificar su Carta Magna bajo modelos socialistas y comunistas hoy enfrentan profundas crisis.
En suma, el presidente Balcázar tiene que hilar muy fino. Y aquí surge la pregunta: ¿va a gobernar para los peruanos o para las bancadas y congresistas que lo eligieron? Algunos ya estarían reclamando que cumpla compromisos asumidos antes de su elección.
Tiempo para hacer grandes cambios no tendrá en este período de transición. Tampoco debería intentarlo. El rumbo del Perú está trazado y no puede detenerse. El pueblo estará vigilante ante un inquilino de Palacio que, por ahora, no está dando la talla como presidente.

