J.P. Morgan ajustó al alza su proyección de precio de largo plazo para el cobre en 9,1%, argumentando que el mercado enfrenta un déficit estructural cada vez mayor por años de subinversión, permisos más largos y caída de leyes, además de un fuerte aumento de los costos de capital para nuevos proyectos.
Según una nota de analistas europeos de metales y minería del banco, el cobre promediaría US$12.000 por tonelada (equivalente a US$5,50 por libra) durante la próxima década, desde un objetivo previo de US$11.000/t.
El banco estima que el déficit global podría ampliarse a cerca de 2 millones de toneladas en 2030 y llegar a hasta 8 millones de toneladas en 2035, en un escenario donde la oferta nueva no logra ponerse al día con la demanda.
El diagnóstico se apoya en la creciente complejidad de desarrollo: hoy se requerirían alrededor de 17 años para llevar un proyecto de cobre desde el descubrimiento a plena producción, frente a cerca de 10 años en 2000, de acuerdo con estimaciones citadas en la industria.
Para revertir el desbalance, J.P. Morgan calcula que se necesitarán US$150.000 millones para avanzar más de 30 proyectos (greenfield y brownfield) que, en conjunto, aportarían 5 millones de toneladas anuales de nueva capacidad.
El banco también advierte una escalada de costos: los proyectos futuros se estiman en torno a US$27.000 por tonelada de capacidad anual, con desarrollos greenfield que superan US$30.000/t, y una inflación de costos que en algunos casos se acerca al 50% desde 2020.
En esa línea, los analistas sostienen que “la nueva oferta, de mayor costo, necesita precios mucho más altos” y que varios proyectos requerirían precios sobre US$12.000/t para lograr retornos atractivos.
En demanda, el banco proyecta un crecimiento cercano a 3% anual hacia el fin de la década, aun considerando una desaceleración del uso en China.
El informe enfatiza el impulso de electrificación, energías renovables y vehículos eléctricos, y agrega un factor que gana peso: la infraestructura asociada a inteligencia artificial y data centers. J.P. Morgan plantea que la demanda de cobre de data centers podría cuadruplicarse hasta casi 1 millón de toneladas al año para 2030, en parte por las necesidades de potencia y cableado del cómputo intensivo.
El banco también señala que interrupciones recientes han estrechado el mercado antes de lo previsto, citando pérdidas relevantes en producción minera y eventos operacionales que adelantan la transición desde un superávit moderado hacia déficit.
Con este escenario, J.P. Morgan refuerza una visión constructiva para productores de cobre y para fabricantes de equipos (OEM) por el aumento esperado de inversión y pedidos, manteniendo preferencia por compañías con exposición relevante al metal.
Fuente: Reporte Minero

