Una vez más, parece que el sentido común es el menos común de los sentidos en nuestras instituciones. En un despliegue de inoportunidad técnica, la Superintendencia Nacional de Migraciones decidió oficializar el sistema de control biométrico en el Puesto de Control Fronterizo Santa Rosa este lunes 16 de febrero. ¿El resultado? El que todos temíamos: caos, sol inclemente y colas interminables.
Mientras el sector turismo en Tacna intenta recuperarse y atraer al visitante chileno, nuestras autoridades deciden «estrenar» casa nueva sin haber probado si la llave gira en la cerradura.
CRÓNICA DE UN ATASCO ANUNCIADO
El medio chileno Arica365.cl ya lo advirtió y las imágenes en redes sociales no mienten. Las filas en el complejo Santa Rosa se extendieron por metros de asfalto caliente, con viajeros atrapados en una espera que parece un castigo por querer visitar nuestro país.
Si bien la intención de Migraciones suena bien en el papel —fortalecer la seguridad, capturar huellas y fotos, y modernizar el control— la realidad en el campo de batalla es otra:
Falta de previsión: Implementar el fin de la «marcha blanca» en pleno lunes de verano es, por decir lo menos, un disparo a los pies para el comercio tacneño.
Infraestructura vs. Flujo: Las máquinas lectoras y cámaras están ahí, pero la velocidad de atención no compite con el volumen de miles de personas que cruzan la frontera más dinámica del Perú.
El factor clima: Cientos de personas, incluidos niños y ancianos, soportaron el intenso sol del desierto mientras el sistema «se optimizaba» en tiempo real.
¿GESTIÓN O IMPROVISACIÓN?
Migraciones asegura que el sistema será monitoreado permanentemente para «mejorar la experiencia». Sin embargo, el usuario no quiere promesas de mejora, quiere cruzar la frontera sin que se le vaya media vida en el intento.
¿Es tan difícil planificar estas transiciones para temporadas de baja demanda? ¿O es que nuestras autoridades viven en una realidad paralela donde la eficiencia se mide por la cantidad de equipos instalados y no por la fluidez del paso?
La seguridad nacional no es negociable, eso lo tenemos claro. Pero la seguridad no debería ser sinónimo de ineficiencia. Si queremos ser un país moderno, la tecnología debe agilizar, no estorbar. Por ahora, el «moderno» sistema biométrico solo ha servido para recordarnos que, en gestión fronteriza, seguimos caminando a paso de tortuga bajo un sol de 30 grados.

