Escribe: Roice Zeballos Rivadeneira.
La actual desunión de nuestras autoridades frente al traslado de internos de alta peligrosidad al penal de Challapalca ha puesto nuevamente sobre la mesa una dolorosa verdad: Tacna ya no tiene el peso político que tuvo en décadas pasadas. Y ese vacío se siente hoy más que nunca.
Muchos recuerdan —con razón— a un grupo de damas tacneñas que, al calor de la Benemérita Sociedad de Señoras de Tacna, conformaron en la década de los años noventa el Comité Femenino de los Derechos de Tacna. Aquel colectivo ciudadano logró articular gestiones efectivas ante el Gobierno central y los ministerios, consiguiendo obras y beneficios concretos para la región, como la construcción del hospital de EsSalud de Calana (etapas I y II) y la modificación de la Ley de ZOFRATACNA, entre otros avances clave.
Este comité contó además con el respaldo de una institución civil denominada CONCERTA, presidida en ese entonces por el empresario Óscar Valdés Dancuart, y mantenía una estrecha coordinación con el CTAR Tacna, cuando dicha entidad era encabezada por el ingeniero Mario Bacigalupo. En aquellos años, las delegaciones viajaban constantemente a Lima, se hacían escuchar y lograban resultados. Tacna tenía voz y presencia en el Ejecutivo.
Con el paso del tiempo, nadie explica con claridad por qué este comité dejó de funcionar. Lo cierto es que nunca volvió a activarse. Y aunque el contexto político era distinto, desde entonces Tacna ha perdido protagonismo y capacidad de incidencia a nivel nacional.
Es importante subrayar un hecho fundamental: estas damas no respondían a ninguna bandera política, ideológica ni partidaria. Su única causa era Tacna. Entre ellas se recuerda a la señora Fanny Vildoso, Rosa Morales, Eliana Jara Almonte, Lilia Ordóñez, Gloria del Campo, María Olivia Pizarro, Yolanda Cáceres, Gina Lombardi, Amalia Espinoza. entre muchas otras, mujeres que viajaban por cuenta propia —en bus o avión— y permanecían en Lima el tiempo que fuera necesario hasta alcanzar los objetivos planteados.
Luego vinieron otros tiempos y otros frentes de lucha, en su mayoría impulsados por personas foráneas o con claras motivaciones ideológicas y electorales. Muchos de estos comités, predominantemente de izquierda —en algunos casos radical—, terminaron contaminados por el cálculo político y el interés personal, alejándose de una defensa genuina de los intereses regionales.
Ese es el escenario que Tacna ha enfrentado durante los últimos 30 años. Hoy, empezando por las actuales autoridades regionales y municipales, no existe peso político real. Hemos retrocedido. No hay líderes sólidos en la sociedad civil con visión estratégica ni capacidad de convocatoria. Cada autoridad actúa encerrada en su propio círculo de asesores, priorizando intereses personales.
El gobernador regional, Luis Torres Robledo, continúa —según se percibe— jugando al cálculo político con miras a una eventual postulación futura, al igual que otros alcaldes como Neil Zavala (Gregorio Albarracín) y Walter Cardoza (Ciudad Nueva), quienes aspiran a seguir viviendo del Estado.
En este contexto, el actual presidente del Frente de Defensa de los Intereses de Tacna, Ing. Dante Morales, puede ser bien intencionado, pero muestra una conducción dubitativa, con limitada capacidad de liderazgo y convocatoria frente a coyunturas críticas.
Por todo ello, hoy se siente profundamente la ausencia de un Comité Femenino de los Derechos de Tacna, como el que nació al amparo de la Benemérita Sociedad de Señoras de Tacna y que supo hacerse respetar en las más altas esferas del poder.
Las comparaciones son inevitables. Hay diferencias marcadas en liderazgo, unidad y compromiso. Y hoy, cuando está en juego la seguridad y el bienestar de la población —tras el reciente traslado de 100 internos de alta peligrosidad a Challapalca—, la falta de peso político de nuestras autoridades queda en evidencia.
Nunca es tarde para retomar ese camino. Tacna debe estar por encima de intereses personales, partidarios o electorales. Si las autoridades no enderezan el rumbo, será el propio pueblo quien deba hacerlo.
La pregunta queda en el aire: ¿Quién endereza este entuerto?.

